Transcurre octubre y los montes navarros son un despliegue continuo de puestos y trepas que esperan la migración de las palomas, nada menos que 4.344 puestos, un mínimo de 8.000 cazadores habituales y una cifra anual de capturas de alrededor de 70.000 torcaces y zuritas abatidas, datos acopiados por Enrique Castién en 1983, hoy aún algo superiores, y que demuestran que los bandos que sobrevuelan en otoño el territorio foral son tiroteados a modo, tanto en el primer frente de collados fronterizo, desde Lizuniaga (Vera de
Bidasoa) al portillo de Arraco (Belagua), con los enclaves más famosos de
Echalar, Quinto Real, Lindux y Guibelea, como en las sierras interiores que enlazan Aibar e Izco con
Guirguillano, Valdegoñi e incluso los pinares riberos de Lerín. Estas torcaces que desde Rusia, Escandinavia y Europa Central van a invernar a las dehesas del suroeste español y Portugal pagan un pesado tributo a los cazadores navarros, sin prácticamente poder detenerse a descansar en unos bosques y collados plagados de escopetas y gracias a que esta especie procura en los días de máximo paso hacerlo con viento de cola, a gran altura, táctica que disminuye su mortalidad, muy fuerte con bochorno que las fuerza a cruzar más bajas.
Corren voces interesadas, mentirosas, que afirman que la paloma aumenta, que incluso hay países donde se ha convertido en plaga y gente que la caza todo el año, por lo que ante tal esplendor palomero no sólo se justifica el perseguirla en la pasa, sino que conviene también el hacerlo en febrero y marzo, en la contrapasa, cuando regresan al norte a criar, pasándose por el forro la Directiva de Aves de la Unión Europea que propugna sólo una explotación moderada sin caza primaveral. Es decir, volvemos a lo más cutre del pasado, al ave de paso estacazo, ajena a la moderación esperable en el cazador moderno que aúna conservación y deporte.
Empiezo por desmontar la primera mentira, la del incremento de las palomas migratorias. El mejor testigo son los censos realizados 19 temporadas, desde 1989, en
Orgambidexka, uno de los mejores puertos pirenaicos para la pasa, situado al oeste del pico de
Orhi. Hoy migran sólo tres cuartas partes de las palomas que se censaron a principio de los ochenta. La media anual de palomas en paso (el 98% torcaces y el 2% zuritas) ha sido de 261.285 en el periodo 1995-97, frente a la de 338.019 aves contadas de promedio entre 1979 y 1982. El declive es aún más acusado si considerá ramos las cifras de palomas capturadas con red en las diez palomeras vascas, tanto las francesas como las de
Echalar, que han pasado de una media de 40.000 aves por año en los cincuenta a 15.000 palomas de media conjunta en los noventa. Claro que en este caso puede que el bajón derive tanto de que pasan menos bandos y de que, encima, entran muy altos, revolados a tiros desde la llanura aquitana, con lo que la eficacia de la red mengua.
Alain Jean, experto francés, en su reciente libro publicado en 1996 es aún más concluyente: 'la población migratoria de palomas transpirenaicas ha protagonizado un marcado declive desde 1945, con efectivos que hoy se han reducido a la mitad. No es del lado de la natalidad sino del de la mortalidad donde hay que buscar los motivos del descenso. Con un núcleo nidificante de sólo un millón y medio de parejas, es la población que sufre actualmente la mayor presión de caza'.
Es palpable que estas palomas protagonistas de la pasa por Navarra están en franco retroceso, sin nada que ver con la buena salud de la especie en otros núcleos sedentarios en zonas agrícolas o urbanas, por ejemplo en Inglaterra o incluso las que ahora anidan más numerosas en secanos del centro español. Cazarlas como si fuesen una plaga es un exceso, un desatino que va a costar aún más caro, sin excusas para una explotación abusiva, impresentable, que encima pretende castigarlas en la contrapasa.
La insolidaridad cinegética con las aves migratorias empieza a prosperar y con el minifundismo en las decisiones cada vez resulta más problemático que Europa controle esta oleada de insensatez.
Puesto que los franceses van a cazarlas ahora y en la contrapasa, vascos y navarros quieren imitarlos en burrez. Al grito de maricón el último, Extremadura y Castilla-La Mancha ya empiezan a dar permisos a fincas con dehesas para que las tiren también en febrero y marzo, so pretexto de daños agrícolas, totalmente inventados, porque hay bellota y hierba de sobra. En el norte, al comprobar que los colegas del sur se exceden, se apuntan a la moda del integrismo cazador y, como ejemplo, en Suecia han solicitado cazar las becadas en mayo y junio, durante el vuelo nupcial, puesto que sobre todo se exhiben machos, y en Finlandia cazar los patos que vienen a nuestras lagunas en marzo y abril cuando retornan a poner. Y así va a ir la feria del
pimpampún, desmadrada, insolidaria y egoísta, que cada vez respeta menos el capturar moderadamente y sólo en otoño e invierno al capital de aves
migrantes, donde por cierto, Navarra, Euzkadi y el sudoeste francés, junto con la isla de Malta, son las zonas geográficas de máxima presión sobre estas aves viajeras: palomas, zorzales y becadas.
Eso sí, con un cinismo de vergüenza, nos apuntaremos a solicitar que los pobres del Amazonas no toquen un árbol, que los atunes se pesquen a caña y no con las redes de deriva y que desaparezcan costumbres insanas, tradicionales, como las de lapidar a los adúlteros. Pero, ojo: en la caza de palomas que nadie pida moderación, que nos tocan nuestros sacrosantos derechos de palomeros de toda la vida.
Desde
SEO-BirdLife vamos a exponer estos argumentos para que la caza de palomas y otras aves migrantes en Navarra sólo se realice durante la pasa y termine a finales de enero. Los tiempos de ave que vuela a la cazuela han pasado y necesitamos autocontrolar la presión cinegética. Estos bandos salvajes, recelosos, que ahora sobrevuelan nuestros cielos, no están en auge. La moderación en el ejercicio de la caza, que también reclamamos a todos los que quieren perseguirlas desaforadamente, es la única garantía de que los grupos azules de torcaces y zuritas sigan animando el Pirineo cuando los robles y hayas se tiñen de rojo.
- Francisco Javier Purroy
- Dr. en Biología
- Catedrático de Universidad
- Presidente de la Sociedad Española de Ornitología