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Un dato que llama poderosamente la atención cuando se analiza la distribución espacial de la comunidad ornítica regional es que, a pesar de la exigua representación de las zonas húmedas en Navarra, repartidas en un puñado de enclaves realmente importantes, y de que la cantidad de especies nidificantes regularmente a duras penas alcanza la treintena, las especies totalmente dependientes de las zonas húmedas representan el 40 % del total. A estas, habría que añadir aquellas ligadas ecológicamente a los cursos fluviales y bosques de ribera (mirlo acuático, martín pescador,...) así como otras menos dependientes del medio acuático como los hirundíneos (golondrinas y aviones), apódidos (vencejos), motacíllidos
(bisbitas y lavanderas). Juntos suponen por encima de la mitad. La inmensa mayoría de este grupo de especies nos visitan regularmente en sus viajes migratorios o son invernantes en nuestras balsas, lagunas, embalses y zonas encharcadas. No pocas son accidentales o escasas y únicamente hacen su aparición cuando los inviernos son especialmente crudos en el centro y norte de Europa (cosa que cada vez sucede menos) o cuando se producen fuertes temporales en las costas cantábricas Es en circunstancias desfavorables cuando las zonas húmedas navarras contribuyen a servir de refugio para los ejemplares invernantes o
migradores. Un ejemplo muy evidente es la notable presencia de migrantes prenupciales cuando las condiciones
meteorológicas en el Pirineo son desfavorables para la migración. En estas condiciones las balsas, lagunas y embalses de Navarra actúan de lugar de alimentación, reposo y recuperación física de las aves. |